


En mayo pasado, se realizó un diálogo virtual titulado “La OEA, post pandemia y la resiliencia en las Américas”, con la participación del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y el pastor argentino Rubén Proietti, presidente de la Alianza Evangélica Latina (AEL).
El encuentro se desarrolló tras el acuerdo firmado en marzo entre ambas instituciones. Durante el diálogo, se destacó el papel esencial de las iglesias en tiempos de pandemia y su contribución al bienestar social y espiritual en la región.
Luis Almagro subrayó la importancia de la resiliencia como virtud humana y social. Afirmó que “las personas resilientes salen positivamente de los traumas, sin negar la vulnerabilidad, el sufrimiento y el vacío”. También remarcó que la única manera de sobrellevar mejor la situación es a través del trabajo conjunto entre instituciones, comunidades y gobiernos.
El Secretario General reconoció el compromiso de las iglesias en la atención de las personas vulnerables y animó a los líderes cristianos a continuar fortaleciendo su labor solidaria en todos los países de América.
Un médico cristiano, junto con la Asociación de Médicos y Dentistas Cristianos (CMDA), demandó al estado de Nuevo México por obligar a los médicos a facilitar suicidios asistidos. La medida, según ellos, viola sus convicciones religiosas y su ética profesional.
La demanda federal la presentaron abogados de Alliance Defending Freedom (ADF), un bufete sin fines de lucro especializado en derechos religiosos. El abogado principal, Mark Lippelmann, afirmó: «Nuevo México obliga ilegalmente a los médicos a transmitir un mensaje sobre el suicidio asistido, incluso si se oponen por fe o conciencia».
Los médicos cristianos representados creen que cada vida es sagrada y que el suicidio asistido termina con una vida humana inocente. El gobierno no debe exigir que renuncien a sus convicciones morales, religiosas y éticas.
El pastor Proietti enumeró las diversas acciones que las iglesias de América Latina han implementado durante la pandemia.
Se abrieron templos como centros de atención para casos leves de Covid-19, como ocurrió en Argentina, donde se pusieron a disposición 1.298 camas para pacientes. En Costa Rica, varias iglesias funcionaron como centros de vacunación, mientras que en numerosos países se distribuyeron miles de viandas y bolsones de comida a familias necesitadas.
También voluntarios cristianos se ofrecieron como agentes de salud y contención social, brindando apoyo emocional y espiritual a enfermos y familiares en duelo. Estas iniciativas demuestran que la fe puede convertirse en una herramienta activa para reconstruir comunidades heridas, acompañando la recuperación con amor y servicio.
El trabajo en red entre las iglesias y los organismos internacionales muestra un modelo de cooperación posible y efectivo, basado en la esperanza y la resiliencia.
REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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