


En uno de los días más oscuros de la Guerra Civil Española, guerrilleros comunistas persiguieron a dos monjas con intención de agredirlas. Ellas corrieron por las calles de Tarrasa, cerca de Barcelona, buscando desesperadamente un lugar seguro. Samuel Vila, pastor protestante y editor, abrió las puertas de su casa para protegerlas. Una de las monjas resultó ser pariente del General Francisco Franco, quien, tras ganar la guerra, instauró una dictadura militar ultracatólica de 36 años. Agradecido por el rescate, Franco entregó a Vila un salvoconducto para viajar libremente dentro y fuera de España. Ese documento resultó vital para que su joven editorial evangélica construyera alianzas clave y sobreviviera en un entorno hostil.
Hoy, Editorial Clie es la editorial protestante más grande de España, con cerca de 3.000 títulos publicados desde 1924. Sin embargo, en la dictadura y los años previos, trabajó mayormente en la clandestinidad, enfrentando un control religioso férreo.
España estuvo gobernada durante siglos por una monarquía que unía iglesia y Estado. En ese sistema, la Iglesia católica controlaba la educación, la salud y los servicios sociales. Cualquier movimiento que amenazara su autoridad, incluido el protestantismo, enfrentaba oposición frontal.
Antonio Cruz, biólogo y teólogo, explicó que a los evangélicos se les consideraba herejes. En la escuela, se enseñaba que Martín Lutero abandonó el catolicismo solo para casarse con una monja. En este clima, Samuel Vila creció en una familia comerciante catalana convertida al protestantismo por misioneros ingleses.
De niño, recibió una imprenta de juguete con la que imprimía versículos bíblicos para arrojarlos desde el tren a Barcelona, con la esperanza de que alguien los leyera y se acercara a Cristo.
En 1924, Vila fundó el Comité de Literatura para las Iglesias Evangélicas (CLIE), con el lema “Una fe razonada es una fe más firme”. Publicó obras para fortalecer a los pastores y defender la fe cristiana frente a las críticas católicas.
Durante la dictadura franquista, el Estado prohibió la publicación de autores protestantes. La policía limitaba incluso el número de personas que podían reunirse en cultos no católicos. Vila imprimía libros clandestinamente en talleres de amigos conversos y, en 1965, instaló en su casa una imprenta industrial traída de Estados Unidos como chatarra.
Su astucia le permitió evadir la censura registrando los libros como impresos en el extranjero. Tras la muerte de Franco, la Constitución de 1978 reconoció la libertad religiosa, pero el esperado avivamiento no llegó y la secularización creció.
En 2001, el filósofo Alfonso Ropero asumió como director editorial, impulsando enciclopedias bíblicas y ampliando el catálogo con autoras como Elsa Támez e Irene Foulkes, y teólogos latinoamericanos como Arturo Rojas o Marcelo Wall.
Clie tradujo obras académicas claves al español, como la Teología sistemática de Charles Hodge y la Dogmática reformada de Herman Bavinck. Bajo la dirección de Alfonso Triviño desde 2006, la editorial abordó temas controvertidos como justicia social y feminismo, publicando obras como La construcción de la feminidad bíblica de Beth Allison Barr.
La piratería digital se convirtió en uno de sus mayores retos, junto con el desafío de atraer a lectores jóvenes. CLIE apostó por autores emergentes como Lucas Magnin y por formatos como audiolibros y e-books.
REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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