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LA MUJER MARAVILLA
mayo 8, 2021
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julio 1, 2021

Una decisión que transforma la vida

Tomar la decisión de seguir a Cristo transforma radicalmente la vida de una persona. A pesar de haber caminado más de cuarenta años en la fe, muchos amigos aún me preguntan: “¿Por qué te hiciste evangélico?”. Algunos, por desconocimiento, piensan que lo nuestro se parece a una secta. Ante ellos, explico que mi vida cobró sentido con la fe en Cristo, que el vacío interior desapareció y que encontré un propósito real.

Vivir como cristiano no se asemeja a pertenecer a una secta. Es, por el contrario, una manera de recuperar principios y valores que la humanidad nunca debió perder. La fe en Jesús reconstruye la identidad, restaura la dignidad y da sentido a lo cotidiano. Lo que antes parecía rutinario, ahora tiene propósito. No se trata de un cambio superficial, sino de una renovación interior profunda que da lugar a una nueva manera de ver el mundo y de vivir.

El precio de seguir el camino de Cristo

Quienes elegimos este camino asumimos voluntariamente un costo alto, pero lo hacemos porque lo que recibimos supera cualquier sacrificio. Vivimos en una sociedad que excluye a Dios, profundamente materialista, donde seguir a Cristo no resulta fácil. Sin embargo, aceptamos el dolor, la vergüenza y, muchas veces, la discriminación como parte de la cruz que cada creyente carga.

Un joven toma su cruz cuando confiesa su fe frente a las burlas de sus compañeros. Un misionero lo hace cuando arriesga su vida para predicar en tierras lejanas. Una familia toma su cruz al despedir a un hijo que parte a servir al Señor. Y un creyente carga su cruz cuando soporta con paciencia las críticas o el rechazo dentro de su propio hogar. Cada acto de fe sincera se convierte en un testimonio vivo del amor de Dios en medio de la adversidad.

Ser discípulo: una vida entera bajo la gracia

Ser discípulo de Cristo no es una tarea temporal ni un trabajo con horario limitado. Es una forma de vida total, las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año. Los cristianos enfrentamos incomprensión, prejuicios e intolerancia, pero permanecemos firmes en la fe. A pesar de las pruebas, no nos movemos, porque en esta vida encontramos gozo, paz y propósito.

Jesús dijo: “Si quieres seguirme, toma tu cruz y sígueme”. En esa frase se resume la esencia del discipulado: entrega, perseverancia y amor. La recompensa de quien elige este camino es vivir bajo Su gracia, experimentar la paz interior y sentir la plenitud que solo los verdaderos discípulos comprenden y valoran completamente.

REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR

Revista El Orador

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