


Los templos evangélicos en México experimentaron un crecimiento notable en las últimas tres décadas.
Desde 1992 aumentaron un 183%, y un 18% adicional en comparación con 2019.
Mientras tanto, los templos católicos disminuyeron 33% desde 1992, lo que revela una transformación profunda en el panorama religioso del país.
La expansión evangélica es visible en casi todos los estados, mientras que la Iglesia Católica enfrenta una pérdida sostenida de infraestructura y feligresía.
Este cambio refleja un desplazamiento histórico en la vida espiritual mexicana, donde las congregaciones evangélicas ganan presencia, actividad comunitaria y participación social, mientras las parroquias católicas se reducen o quedan vacías.
El contraste entre ambas tendencias se ha vuelto tan marcado que muchos investigadores lo califican como un cambio estructural en la fe mexicana del siglo XXI.
Un estudio reciente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), basado en los Censos Económicos 2024 del INEGI, registró 94.909 establecimientos religiosos en todo México.
De ellos, más de dos tercios pertenecen a iglesias evangélicas (unos 65 mil templos), mientras que menos de 30 mil son católicos.
Las entidades con más templos religiosos son Veracruz (8.186), Estado de México (7.222), Chiapas (6.741), Oaxaca (5.497) y Nuevo León (4.091).
En 1992, las iglesias evangélicas contaban con solo 22.940 templos, y en 2019 alcanzaron 54.939.
Este salto consolida a las comunidades evangélicas como el movimiento religioso con mayor crecimiento sostenido en el país.
La obtención de personalidad jurídica en 1992 permitió la expansión formal de estas iglesias y su registro en censos oficiales.
El número de templos católicos en México descendió drásticamente en las últimas décadas.
De 43.387 en 1992 pasaron a 31.918 en 2019, y a menos de 30 mil en 2025.
En total, la Iglesia Católica perdió alrededor de 13.000 templos desde 1992.
Según el investigador Elio Masferrer, este fenómeno no obedece a ventas ni expropiaciones, sino al abandono de inmuebles por falta de sacerdotes y vocaciones.
El envejecimiento del clero, junto con el descenso en el número de seminaristas, dejó muchas parroquias sin atención pastoral.
Masferrer afirma que la Iglesia mexicana importa sacerdotes de África y Asia para cubrir vacantes, pero enfrenta nuevos desafíos culturales y lingüísticos: muchos de estos sacerdotes no dominan el español ni comprenden los símbolos del catolicismo local.
Esta situación refleja una crisis estructural interna que podría profundizarse si no se revitalizan las vocaciones nacionales.
El último censo del INEGI (2020) reportó que el 77.7% de la población mexicana se identifica como católica.
Sin embargo, los investigadores advierten que estas cifras podrían variar de forma significativa en las próximas mediciones.
El crecimiento físico de los templos evangélicos sugiere un traslado gradual de la práctica religiosa, especialmente en comunidades rurales y zonas urbanas populares.
Además, la encuesta de 2020 se realizó en plena pandemia de Covid-19, lo que pudo alterar los registros de asistencia y pertenencia religiosa.
La ENAH prevé que los datos definitivos del Censo Económico 2024, disponibles en julio próximo, revelen un cambio histórico en la composición religiosa del país.
Si la tendencia se mantiene, México podría entrar en una nueva etapa donde el catolicismo ya no sea la expresión dominante de fe.
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REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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