


Katalin Novák, de 44 años, pertenece a un partido húngaro de orientación conservadora, el mismo del primer ministro Viktor Orbán.
Con el respaldo de 137 legisladores, Novák ganó la presidencia superando a Péter Róna y expresó con emoción: “Ayúdame Dios”, al conocer su victoria.
El asesor político Risto Huvila la describe como una líder inspirada por la palabra de Dios y la defensa de la familia.
A lo largo de su carrera, ha impulsado políticas públicas basadas en valores cristianos que fortalecen la unidad social y la vida familiar.
Durante una entrevista con Huvila en el canal cristiano TV7, reconoció que las críticas son inevitables, pero destacó que las decisiones correctas muchas veces se comprenden solo con el paso del tiempo.
Con serenidad afirmó que su visión se sostiene en la eternidad y no en la aprobación humana, manteniendo su compromiso con los principios bíblicos.
Para Novák, la oración ocupa un lugar esencial en su rutina política y personal.
Confesó que leer la Biblia cada mañana transformó su manera de iniciar el día y le otorga seguridad espiritual antes de tomar decisiones.
Explicó que la Escritura le recuerda que la tierra y el poder pertenecen a Dios, no al ser humano.
Esta conciencia constante la ayuda a mantener la humildad y a evitar el orgullo de los logros personales.
Con convicción expresó: “Si recuerdo estas cosas todos los días, espero tomar mejores decisiones”.
Cada declaración suya refleja gratitud, dependencia divina y una comprensión profunda de la autoridad espiritual.
Su liderazgo se aleja de la vanidad y del ego político, enfocándose en honrar a Dios en cada acto público y servir al pueblo con integridad.
En cada oportunidad, reconoce la soberanía divina como guía central de su gestión.
Desde que asumió el cargo, Novák reinterpretó el sentido del Padrenuestro como guía espiritual en su mandato.
Explicó que las palabras finales —“Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria”— resaltan que todo poder proviene de Dios y no del hombre.
Para ella, repetir esa oración cada día renueva la conciencia de que la autoridad es un don y no un derecho.
Asegura que esta convicción le brinda energía, seguridad y sentido de misión.
Además, considera que la fe le otorga libertad para servir, no pasividad.
Dijo con firmeza: “Sé que el Reino pertenece a Dios, pero esto me hace libre, porque puedo participar como sierva en Su obra”.
Su visión combina responsabilidad política con devoción personal, proyectando una imagen de liderazgo humilde, valiente y coherente con sus principios cristianos.
REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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