


Los evangélicos valoran profundamente la oración y la fe como pilares del bienestar integral. Según el informe Fe y bienestar: conocimientos evangélicos sobre sanación y médicos, el 96% cree que una fe cristiana sólida mejora la salud física, y el mismo porcentaje afirma que leer la Biblia tiene beneficios similares. Además, el 98% sostiene que la oración favorece la salud mental y emocional.
Solo un 1% de los encuestados disiente con esta visión.
Ron Sellers, fundador de Gray Matter Research y autor del estudio, declaró a The Christian Post que rara vez se observa un consenso tan alto en cualquier grupo humano. Explicó que este pensamiento generalizado proviene de enseñanzas transmitidas por iglesias, estudios bíblicos, padres, televisión cristiana y ministerios.
“Ver un acuerdo tan unánime fue realmente sorprendente”, afirmó Sellers. “Mi propia fe cristiana coincide con este 99%”.
Sellers aclaró que los resultados no significan que los evangélicos nieguen las enfermedades mentales o físicas. Enfatizó que la mayoría cree que las disciplinas espirituales alivian los síntomas y fortalecen el espíritu, sin excluir la medicina.
Aclaró que nadie afirmó que la oración cure automáticamente enfermedades graves o tendencias suicidas. Más bien, el estudio subraya el valor preventivo y restaurador de la fe dentro de una vida equilibrada.
También advirtió sobre la mala interpretación dentro de algunas iglesias, que podría culpar a las personas por sus padecimientos. “Algunos tergiversan la Biblia para sus fines personales”, señaló.
Sellers destacó que el informe promueve la compasión y la comprensión, no la condena. Recordó que la verdadera enseñanza cristiana une oración, sabiduría médica y apoyo mutuo, en vez de reemplazar la ciencia con dogma.
Aunque el 99% de los evangélicos reconoce los beneficios espirituales de la fe, el 59% admite tener un compromiso moderado o bajo con las prácticas espirituales.
Sellers comparó esta brecha con otros hábitos humanos: “Muchos saben que fumar es dañino o que comer en exceso perjudica la salud, pero igual lo hacen”.
Dijo que algo similar ocurre con la Biblia: “Seis de cada diez que creen en su poder transformador, no la leen diariamente”.
El estudio demuestra que el conocimiento no garantiza acción. La fe, aunque reconocida como fuente de bienestar, requiere práctica constante para producir frutos.
Sellers concluyó que la coherencia entre lo que se cree y lo que se vive representa uno de los mayores desafíos espirituales actuales.
Mark Dreistadt, presidente de Infinity Concepts y coautor del informe, coincidió en la importancia de alinear creencias con acciones concretas.
Dijo que los evangélicos reconocen el valor de la oración y la fe, pero a menudo existe una desconexión entre lo que piensan y lo que hacen.
Dreistadt propuso investigar más sobre la relación entre cristianismo y salud, para construir un puente sólido entre bienestar espiritual y medicina moderna.
Afirmó que los profesionales de la salud rara vez dialogan sobre fe, y las comunidades religiosas a menudo evitan temas médicos.
“Necesitamos unir esos mundos”, declaró. “La evidencia sólida puede ayudarnos a entender cómo interactúan fe y bienestar”.
Concluyó alentando a la oración mutua, recordando que Dios responde de maneras misteriosas y reales, aunque la sanidad total no siempre ocurra.
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REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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