


Muchos creyentes se preguntan cómo pueden participar activamente en la transformación que Dios realiza en el mundo.
El pastor y autor Darrell W. Johnson responde a esa inquietud en su libro “El honor de la predicación: participando en la transformación que Dios opera en el mundo”.
La obra invita al lector a comprender la predicación del Evangelio como una acción concreta de cambio y redención.
Johnson plantea que predicar no es solo hablar de Dios, sino convertirse en un canal a través del cual el Espíritu actúa.
En el prólogo, afirma:
“Cada vez que alguien toma la Biblia, lee un pasaje e intenta repetir fielmente lo que el Dios viviente dice, algo sucede: algo transforma, capacita e inspira”.
Este enfoque convierte la predicación en una experiencia viva, donde el mensaje de las Escrituras no se transmite como teoría, sino como fuerza transformadora que alcanza corazones y sociedades enteras.
Johnson divide su reflexión en tres partes que acompañan al lector desde la comprensión teológica hasta la acción práctica.
En la primera, El honor de la predicación, explica cómo el creyente se une al propósito divino al proclamar la Palabra.
En la segunda, desarrolla los aspectos operativos del ministerio: la preparación, el estudio bíblico y la comunicación efectiva del mensaje.
Finalmente, en la tercera, retoma los fundamentos teóricos y espirituales que sostienen la práctica del predicador.
Para el autor, cada sermón es un acto de participación directa en la obra de Dios.
Predicar significa permitir que el mensaje corra y transforme tanto al oyente como al predicador mismo.
Esa dinámica convierte la predicación en un proceso de renovación continua, donde el Espíritu guía la palabra, la intención y el fruto.
En tiempos de confusión ideológica, Johnson afirma con convicción que la predicación del Evangelio puede cambiar el mundo.
“Creo firmemente que la predicación de la Palabra de Dios cambia personas, vecindarios, ciudades y naciones”, asegura el autor.
Cuando los creyentes proclaman las buenas noticias de Jesucristo, se involucran con el Dios vivo en el proceso constante de transformación.
Johnson reconoce que Dios utiliza diversos ministerios —como la música, la enseñanza, la justicia social o la oración—, pero destaca que la predicación tiene un rol singular.
Cita al apóstol Pablo:
“Dios tuvo a bien salvar mediante la locura de la predicación a los que creen” (1 Co 1:21).
Así, la proclamación del Evangelio se convierte en un evento salvífico, un momento donde la cruz se actualiza y el mensaje redentor alcanza nueva vida.
A pesar de su trayectoria, Johnson escribe con humildad y reconoce su papel como aprendiz.
“Escribo como un estudiante más de predicación, todavía en formación”, confiesa.
Se define como discípulo del Gran Predicador, Jesús, y afirma que seguirá aprendiendo de Él toda la vida.
Esa actitud refuerza la autenticidad del mensaje y revela que la verdadera grandeza espiritual radica en mantenerse enseñable.
Su testimonio invita a leer el libro con mente abierta y corazón dispuesto, comprendiendo que el acto de predicar no se trata de uno mismo, sino del poder de Dios obrando en el mundo.
La lectura se convierte, así, en una experiencia de inspiración y compromiso, un llamado a asumir con gozo y responsabilidad el privilegio de anunciar las buenas nuevas.
Información Suministrada por, Editorial Certeza Unida
REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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