


República Dominicana mantiene a la Iglesia católica como religión oficial gracias al Concordato de 1954, firmado entre el Gobierno dominicano y el Estado del Vaticano. Sin embargo, desde la Constitución de 2010, el país se declaró Estado laico y garantizó la libertad de cultos.
Esa apertura generó una transformación profunda. Durante décadas, más del 90% de los dominicanos se identificaba como católico, pero las nuevas generaciones comenzaron a apartarse de esa tradición. Hoy, menos de la mitad de la población mantiene esa afiliación. La pluralidad religiosa y el acceso libre a distintas expresiones de fe marcaron una nueva etapa en la vida espiritual del país.
Esta democratización de las creencias amplió el diálogo interreligioso y permitió que comunidades evangélicas, adventistas y otras denominaciones ganaran presencia en la sociedad dominicana, transformando el panorama religioso del Caribe.
El Reporte Internacional de Libertad Religiosa de la Embajada de Estados Unidos analiza las cifras de Latinobarómetro para comprender la evolución de la fe en República Dominicana.
En 2008, los evangélicos representaban el 12% de la población, pero para 2020 alcanzaron el 26%, sobre una base de más de 11 millones de habitantes. El Consejo Dominicano de Unidad Evangélica estima incluso que los protestantes ya superan el 30%.
El mismo informe muestra que un 29.4% de los dominicanos declara no tener religión específica, aunque sin identificarse como ateo o agnóstico. Además, se registran comunidades de adventistas, testigos de Jehová, mormones y otras expresiones minoritarias.
La expansión de los evangélicos constituye la tendencia más fuerte en el mapa espiritual dominicano, impulsada por el dinamismo de sus iglesias y la cercanía comunitaria.
Según el mismo informe, los católicos representan actualmente el 49% de los residentes del país. En 2008 eran el 68%, en 2016 bajaron al 55% y en 2020 descendieron al 49%.
El declive sostenido de la Iglesia católica refleja una transición generacional y cultural. Las nuevas generaciones buscan experiencias espirituales más directas, participativas y vinculadas a su vida cotidiana.
Mientras la estructura católica conserva un papel simbólico, la diversidad religiosa se consolida como característica central del siglo XXI dominicano. La fe, antes monopolizada por una sola institución, hoy se expresa en pluralidad de voces, prácticas y comunidades activas.
Información Por Javier Bolaños
REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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