


Grand Rapids, Michigan. 22 de octubre de 2021.—
Estudios recientes en Estados Unidos revelan que la mitad de los creyentes cristianos no practica activamente su fe. Aunque muchos se identifican como evangélicos o cristianos no evangélicos, su vida diaria no refleja esa creencia.
Las estadísticas muestran una tendencia preocupante: la fe activa se fortalece en las personas mayores, mientras que disminuye entre los jóvenes.
El informe The Bible in the American Church señala que la generación Z es la menos inclinada a considerarse religiosa, y que solo uno de cada cuatro millennials o miembros de la generación X vive su fe de forma comprometida.
Aun cuando los datos pertenecen al contexto estadounidense, la realidad parece reflejarse también en Iberoamérica.
Esta situación plantea una pregunta profunda: ¿cómo puede florecer una fe que se declara, pero no se vive, en una época con más acceso que nunca al mensaje bíblico?
Hoy vivimos una paradoja espiritual sin precedentes.
Disponemos de miles de traducciones, versiones digitales y recursos teológicos en línea, pero la lectura y comprensión de la Biblia están en su punto más bajo.
El evangelio de Jesucristo, accesible desde cualquier pantalla, se enfrenta a un nuevo tipo de analfabetismo espiritual: el de quienes oyen el mensaje, pero no lo interiorizan ni lo practican.
El pastor y escritor John MacArthur describe el estudio de la Biblia como un acto transformador.
Según él, su objetivo no es repetir palabras sagradas, sino comprender su sentido y aplicar la verdad que contienen.
De esa comprensión nace tanto la teología cristiana como la vida cristiana activa, capaz de iluminar el pensamiento y guiar la conducta.
Jesús definió con claridad la misión de sus seguidores: ser sal y luz en el mundo.
En Mateo 5:13–15, enseñó que una ciudad en lo alto no puede esconderse, ni una lámpara debe cubrirse, sino colocarse donde alumbre a todos.
Estas palabras expresan su expectativa: que la fe inspire transformación, claridad y ejemplo en la vida cotidiana.
Leer y estudiar la Biblia se convierte así en una responsabilidad deliciosa y una fuente de satisfacción espiritual.
La verdadera fe no se limita a la creencia, sino que se refleja en nuestras relaciones con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
De esa interacción surge una vida capaz de generar cambios internos y externos, sembrando influencia positiva en cada ámbito.
Información Suministrada por Editorial Portavoz, tomada del libro: Doctrina Cristiana Esencial
REDACCIÓN REVISTA EL ORADOR
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